Correlación entre el Índice de Confianza en el Gobierno de la Esc. de Gobierno de la UTdT, y el desempeño electoral oficialista desde 2003 a 2025.
POLÍTICA
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Índice de Confianza en el Gobierno vs. Votos al Oficialismo
El análisis sobre el Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) que mide la Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato di Tella y el porcentaje de votos obtenidos por oficialismos en la Argentina en tanto variable dependiente, muestra una correlación positiva, aunque con particularidades que dependen del tipo de elección (presidencial o legislativa) y del contexto político-económico. El índice marca una "redline" en torno a 1.9 puntos (equivalentes a 38% en escala porcentual), por debajo de la cual las chances de perder una elección, se multiplican. Desglosando por instancia electoral, y solo a los efectos de este análisis, observamos:
1. Elecciones presidenciales: Los datos reflejan que, a igual nivel de ICG, el oficialismo suele captar un mayor porcentaje de votos en elecciones presidenciales que en legislativas. En estos comicios prevalece el “efecto esperanza” o “efecto renovación” , donde la expectativa hacia el futuro y el liderazgo personal del principal candidato pueden pesar más que la evaluación estricta de la gestión en curso. Un caso paradigmático es el 23/10/2011, con Cristina Fernández de Kirchner superando el 54% de los votos, un verdadero outlier en la serie. Este resultado se puede explicar brevemente por la alta valorización de su gestión, marcada por expansión del PBI y del consumo, una narrativa política consistente, y un fuerte control sobre del relato oficialista, en términos de opinión pública. Logros con alta carga simbólica también pesaron, como por ejemplo el pago al FMI, políticas de derechos humanos, programas exitosos de compensación social, el efecto emocional tras la muerte de Néstor Kirchner en 2010, entre otros. Este hito confirma que un contexto de bonanza en materia económica y hegemonía discursiva puede potenciar la incidencia del ICG en la decisión electoral.
2. Elecciones en contextos de crisis: baja confianza, resultados atípicos. Otro caso singular es el 27/04/2003, donde Néstor Kirchner gana con apenas el 22% de los votos en primera vuelta, en un marco de muy bajo ICG tras el colapso de 2001-2002. El ballotage nunca se concretó porque Carlos Menem se retiró. Este escenario refleja cómo, en situaciones de crisis sistémicas, la variable confianza no necesariamente anticipa el desempeño electoral, dado que los votantes priorizan la salida institucional antes que la validación de la gestión.
3. Elecciones legislativas: mayor “castigo. Las elecciones de medio término muestran sistemáticamente un menor rendimiento de oficialismos a similares niveles de ICG. En estas instancias predomina la lógica de control y castigo al gobierno en curso, lo que reduce la transferencia directa de confianza en votos. Ejemplo: el 22/10/2017, cuando el oficialismo de Cambiemos logra sostener un alto ICG por un 2017 relativamente estable (dólar controlado, crecimiento transitorio), pero gana con un resultado más ajustado. Esto anticipó el deterioro económico que derivaría en la crisis de 2018-2019, marcando la desconexión entre expectativas de corto plazo y dinámica estructural de la ciclo político-economía.
4. Tendencia general y proyección: La regresión indica una correlación positiva moderada a alta (+60%): a mayor ICG, mayor proporción de votos al oficialismo. Sin embargo, los puntos "fuera de serie" en contextos extremos (2011, 2003, elecciones de medio término) muestran que el ICG explica solo una parte del comportamiento en los comicios, en el complejo mapa electoral argentino. Factores coyunturales como la economía real y el nivel de actividad, la dinámica de consumo y el nivel de empleo, los liderazgos personales, el contexto regional e incluso shocks externos, como bien es de esperar, condicionan fuertemente los resultados del análisis vincular entre estas dos variables.
Conclusión
El ICG constituye un predictor útil, aunque incompleto, del desempeño electoral de los oficialismos en Argentina. Su capacidad explicativa es más sólida en elecciones presidenciales —donde prevalece el “efecto esperanza” o ad novitatem— y más limitada en legislativas, donde suele imponerse la lógica de castigo a la gestión en curso. Casos como 2011 y 2003 evidencian que el índice debe ser complementado con estudios complementarios sobre factores macroeconómicos, políticos, y hasta emocionales, para constituir un proxy electoralista más fiable. Aplicado al escenario de las legislativas de 2025, próximas a disputarse el domingo 26 de octubre, la gestión Milei enfrenta un panorama más pesimista que optimista. A su último ICG de 1,94 parado en la línea roja, se suman drivers negativos de peso que todavía no han sido sondeados a nivel nacional: escándalos de corrupción (Caso $Libra, Espert-Narco), malestar social por jubilados y servicios sensibles (Garraham, financiamiento universitario), tensiones de gobernabilidad e internas dentro de la propia LLA, inestabilidad política, problemas en el programa económico con su correlato en tensión cambiaria. El resultado probablemente muestre un oficialismo debilitado frente a un electorado que, en las intermedias, tiende a canalizar su descontento con mayor crudeza que en las presidenciales. La pregunta que emerge es, entonces, ¿qué cabe esperar en términos electorales agregados, considerando las estrategias y liderazgos de todo el arco opositor y para aquellas regiones donde el peso de las fuerzas provinciales sigue siendo determinante?
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